martes, 6 de enero de 2015

El año de la verdad.

El año, que recién iniciamos promete ser interesante en lo que a la actualidad política se refiere.  Así a primera vista tiene todo lo necesario para mantener el debate en todo lo alto durante los próximos 12 meses. La economía también tiene un interesante debate ante si y la necesidad de dar alguna alegría a la gente. Esto en nuestro país y en nuestra parte del continente, por no hablar de los asuntos internacionales.
Los comicios municipales y autonómicos, donde toquen o donde los puedan adelantar son las citas seguras que tienen que afrontar nuestros partidos políticos. También es casi segura una convocatoria de elecciones generales para finales de año, aunque el Presidente Rajoy, legalmente podría estirar el mandato hasta la primavera del 2016. Todos sabemos que para lo de los tiempos políticos  Rajoy es algo especial, aunque al final termine haciendo lo que todo el mundo tenia pensado que acabaría haciendo.
El año de la verdad para todos los partidos, donde comprobaremos si las ansias de cambio en el fondo y en las formas que anhela la sociedad fue escuchada y sobre todo entendida en los cuarteles generales de las fuerzas políticas. Renovación, transparencia y lucha sin cuartel contra el fraude y la corrupción esas son las coordenadas de lo que los ciudadanos quieren. Por fin tendremos la ocasión de comprobar hasta donde llega el fenómeno Podemos, si es flor de un día como dicen algunos o si ha venido para quedarse. Personalmente lo que más anhelo es ver a sus gentes pasar de "las musas al teatro", pasar de la teoría a la praxis y de la pantalla de plasma a los ayuntamientos o los parlamentos regionales.  Reconozco que también espero expectante las posibles alianzas que hacen para gobernar y con quien. No estoy seguro que Podemos  este dispuesto a mostrar sus cartas antes de las próximas generales, el escaso interés por los ayuntamientos y las diputaciones y parlamentos regionales puede ser una manera de no quemar cartuchos antes de tiempo. Personalmente creo que Podemos tiene un grave problema que resolver y que no basta con parchear con declaraciones más o menos acertadas. Hablo de la escasa participación que consigue en sus votaciones internas, algo no cuadra cuando los que critican la poca participación que deja el "poder" a la gente solo consiga unas participaciones anecdotistas en sus elecciones internas.
Izquierda Unida es sin lugar a duda, y hasta ahora la más afectada por el fenómeno Podemos. Digo hasta ahora porque este año puede aclarar bastante las cosas y no descarto que el objetivo perseguido sea un pez más grande. Lo de IU es extraño, estaba en una fase ascendente rozando resultados históricos. Incluso el resultado de las europeas fue esperanzador y del día a la mañana su estructura a implosionado. En un primer tiempo, la actitud de algunos dirigentes de la coalición fue poco digna mendigando vergonzosamente a Podemos un pedazo del supuesto pastel electoral. Estas actitudes fueron respondidas con desprecio por los hombres de Pablo Iglesias Turrión. Cayo Lara paro esa dinámica e intento recomponer la figura de la coalición. Conflictos locales regionales y personales han aprovechado la ocasión para salir a la superficie y embarrar aún más el terreno. Esperemos para ver por donde sale IU y sobre todo como aguanta las fuerzas internas que no dudarían en dejar el barco.
El PSOE por su lado se juega el ser o no ser en este año que viene de empezar. El ser o no ser una fuerza vertebradora, de mayorías y sobre todo de gobierno. El partido socialista tiene que perseverar en su transformación organizativa dando cada vez más poder a los votantes socialistas, a los simpatizantes y a los militantes. Tiene que desterrar el fraude y la corrupción y seguir abriendo puertas y ventanas para que todo el mundo vea lo que pasa en el partido de Pablo Iglesias Posse. Una vez reconocidos los errores hay que subsanarlos y presentar nuevas iniciativas de progreso y de fortalecimiento de los pilares del bienestar. El PSOE tiene que ganar la confianza de los ciudadanos y  pensar única y exclusivamente en la gente y más concretamente en los más desfavorecidos.